Wednesday, August 29, 2007

Casa Salvaje ( Versión Completa )

Casa Salvaje
SD


“Si eres capaz de amar sólo un momento, tu vida habrá valido la pena”

Prólogo:
Esta historia se la dedico con mucho cariño a Dianita por ser hoy su cumpleaños.

No puedo decir exactamente como empezó esta historia, no puedo, no sé. He escuchado rumores sobre ella, susurros en el viento y todo tipo de relatos que me han dado una leve idea de lo que puede significar pero nada concreto para iniciar. Primero que nada, “Casa Salvaje”, el título, sé que alguien ha escrito antes bajo este concepto y apenas tengo una leve idea de la idea original. He hurgado varios sitios en busca de la historia sin más respuestas de lo que alguien me enseñó y por eso creo que empezaré escribir mi propia historia. No tengo un principio concreto, sólo dos palabras que resuenan en mi mente desde hace ya varios años, una idea vagamente desarrollada, un par de manos para escribir, una cartera de cuero con mis papeles, un bolígrafo y ánimo para seguir escribiendo.

Parte I – Origen
“Sólo hay tres tipo de escritos, los heroicos, los de amor, y el hombre en busca de un sentido”

Hace mucho tiempo en la región del Hades existió una hermosa diosa custodiada por lobos de espíritu libres. La manada tenía por nombre Caza Salvaje. Este séquito especial guardaba la división entre el mundo del Caos, el mundo de la muerte y el nuestro. Un día un mortal sedujo a la diosa y su amor fue tal que el universo tembló con esa unión. La inquietud dominó a Caza Salvaje y comenzaron furtivamente a moverse por todo el territorio buscando señales de una amenaza. Días después el mortal fue asesinado y reemplazado por uno de los Señores del Profundo Abismo. Algunos mitos dicen que la guerra que se desató duró mil días, otros que fueron cien años. Al romper el alba del último día, una estatua quedó de pie, los Señores del Caos y la Caza Salvaje se habían sellado. Pasaron muchos años, el hombre pisó por primera vez la tierra, el hombre se hizo cazador, el hombre se hizo guerrero, el hombre se hizo ciudadano. El tiempo no borró las huellas de la batalla; el tiempo dejó una casa.

Las murallas son altas, pensadas para hacerte sentir pequeño e insignificante. Las piedras con las que fueron construidas, sí es que alguien se atrevió a concebir algo tan perverso, tiene la forma de lobos jadeantes petrificados. Sólo una sensación, una escalofriante sensación. La muralla es inexpugnable a excepción de la cara oeste donde a capricho se forma un arco de entrada. La vista no es un sentido fiable en ese lugar; en la entrada parece que el jardín y la casa están separadas por un par de metros. Pasada la entrada estás en un inmenso laberinto. Los desafortunados que se aventuran llegan de rodillas a la entrada principal, jadeando por la dura jornada que implica atravesar ese maldito lugar. La sensación de acoso nunca te deja en paz, alguien invisible y omnipresente te observa y deja sentir la pesadez de su mirada sobre tus hombros. El interior de Casa Salvaje es más aterrador.

La casa es inmensa, algunos la describen como un castillo, otros como una fortaleza, unos más piensan en una mansión. Lo cierto es que la arquitectura no es en lo absoluto uniforme. La verja da la impresión de pertenecer al s.VIII, los detalles de piedra labradas hacia el interior, sus torres de vigilancia, los pasillos en al parte superior para defender la fortaleza, todo hasta en su más ínfimo detalle da esa impresión. La fachada principal da la impresión de un viejo burdel. La pintura blanca no da muestras de tiempo, las ventanas se encuentran limpias, las rojas cortinas recién colocadas. No sé con precisión la altura del lugar, yo le calculo unos cuatro pisos. Los amplios soportes de madera que sostienen el techo tejado sobresalen la casa y sobre ellos varías gárgolas del infierno saludan a los recién llegados.

El interior de la Casa Salvaje es totalmente distinto a su fachada. Al principio parece la entrada a una cueva; ninguna luz alumbra la estancia y el aire se turna húmedo y caliente. Una vez dado el primer paso hacia adentro, la puerta principal desaparece, se ilumina el lugar y se percibe una gran estancia circular. En el centro está grabada una rosa de los vientos, en forma de anillo hay una inscripción que dice: “Lo que entra no es lo que sale y si te sales, sólo habrás entrado más”. Si te paras ahí podrás percibir siete puertas distribuidas equitativamente. La luz no parece provenir de ningún lado, no hay ventanas, el techo es tanto más distante de lo que parece ser a la entrada mientras que las pareces están tapizadas de suaves grabados cómo si fueran objetos. Ninguna puerta da dos veces al mismo lugar, todas son espacios vacíos empotrados en los gélidos mármoles de la casa. Una puerta da a la salida, una puerta atraviesa el centro de la casa, una puerta es horror puro y desesperación, una puerta, la puerta de la luna… No preguntes, yo soy la Casa Salvaje.

Su nombre es Anu, tiene 13 años, es un chico normal, su familia no es rica ni es pobre. Para ser honestos es bastante cobarde, no se arrima a las chicas, odia pelear, le gusta estar en su casa sin hacer nada, le gusta la televisión y muy de vez en cuando hace ejercicio. Siendo francos es un poco fofo, adora la comida chatarra, odia la lectura y le gusta salir con el “flaco”. Su vida no tiene nada de interesante, sale con los viejos amigos, le grita a una que otra mujer y cuando se aburre se echa en la cama como un perrito faldero.

Wish es un joven cazador, su esquelético cuerpo es más ágil que una gacela y sus piernas compiten con las del gran predador de la selva. En la espalda carga siempre con dos troncos alisados que usa como armas, mientras que en su cintura ciñe un cuchillo de hoja ancha para extirpar la piel de sus cazas. Su camisa de cuero cubre heridas en su pecho, heridas que cuentan grandes historias en sus escasos 13. Wish ha vivido toda su vida en los linderos del corazón de un pequeño hombre, su misión en la vida es protegerlo. Criatura desdichada que no tienes pasado ni futuro ¿Saldrás algún día de las sombras?

Jane, su frágil cuerpo de cristal se asemeja a una diosa hecha niña, su mirada te implica en un misterio, es agraciada como ella sola, su presencia es capaz de alumbrar un día oscuro y se oculta tras un velo de falsa timidez. La primera vez que volteé a ver a Jane sabía quien era ella, y peor aún, sabía quién era yo, el pobre de Anu, el niño indefenso ante el mundo, el intelectualoide, el Nietzche prenato, yo. Anu se acercó a ella con el corazón en la mano, estaba cansado, muy cansado, el tiempo no dejaba de correr y ella se fue. Todas las sensaciones se juntaron en un único clímax siendo que ese corazón dejó de latir. Me quedé entonces sumido en las tinieblas pensando en que sería de mí; fue uno de esos vagabundeos nocturnos donde encontré la tenebrosa mansión.

Parte II –La bestia
“Uno entra y nunca más deja de entrar”

Todos le profesan un terror especial a esa mansión, nunca pude llegar a entender porqué. A lo largo de la historia de la ciudad cada alcalde ha intentado demolerla ya que ese el centro geográfico y se encuentra edificada sobre el único cerro de la ciudad. El día de hoy me voy a adentrar a ella, traigo una linterna, pilas de repuesto, algo de comida y un cuchillo para defenderme. Cuentan los viejos que nadie ha salido vivo de ahí y que a veces mueres sin siquiera poner un pie adentro.

Las puertas se abrieron de par en par, cómo si me invitaran a entrar, diciéndome, soy tu anfitrión, entra que eres mío. Una vez adentro vomité el sándwich que había comido un par de horas antes, un leve mareo se dejó sentir en mi cabeza y correr por mi piel. Mi cuerpo se embotó ante la repentina excitación de mis sentidos. Mi vista se tornó borrosa, los tres metros de la puerta principal a la verga se convirtieron en cien. Volteé y no había a donde regresar. Como pude me arrastré hasta la puerta de entrada, mi piel ardía en llamas, o eso fue lo que sentí. Creo que una parte de mi alma se quedó ahí; llegué a la colosal entrada a la mansión. Sentí como mi rededor estaba incendiándose, un entre extraño penetraba mi selva, la hora de cazar había llegado; en cuestión de segundos me convertí en su presa. El calor se volvió insoportable, mi piel ya no era la mía, mi conciencia se desvanecía. Me clavó sus garras rápidamente y sufrí por primera vez la agonía del lobo. No lo recuerdo bien, pero sé que mi corazón cedió y que me convertí en el huésped de la Casa Salvaje.

No supe inmediatamente lo que me pasaba, pero la cruda, el sabor a sangre, los instintos alborotados me hicieron darme cuenta, me había convertido en un hombre-lobo. Lo recordé, la primera vez que rasqué esa palabra tenía escasos seis años. El temor y la curiosidad llenaron mi mente de niño y ahora era mi realidad. Recuerdo que me impactó la transformación, la legumbre atmósfera, “el luna” en el cielo pavoneándose y mostrando su penacho, orgulloso, penetrando en la pobre criatura y sacando el más puro instinto animal. El hambre de carne, la sed de sangre, el ansia de castigo hacia los mortales impíos. Sí, hombre-lobo.

Tres noches al mes hay luna llena en la ciudad. Tres noches dejo de ser yo para convertirme en él. Un mes me acosa con su promesa de sangre, un mes el puñal de plata se queja dolorosamente mientras se retira a un instante de mi pecho, un mes la criatura se mofa de mi debilidad. Jamás debí haber vuelto a la vida pero creí que podía matar al terrible lobo. Ahora que lo pienso era mi destino, Anu de Anubis, Dios egipcio de la muerte, el can que siembra el temor de las tierras de la blanca muerte y del carmín mar de lágrimas.

Vivo en un pequeño departamento, en el 7° piso de la sección este de la ciudad, desde aquí se ve la mansión del Caporal. Ahí, dice mi abuelo, habita el diablo desde hace poco y por eso hemos vivido siete meses temiendo la luna llena, la noche de la bestia. Cada vez que la luna muestro sus heces, la casona desaparece, y en su lugar queda un horroroso monstro que siembra pánico en nuestros corazones.

Anu, un chico como cualquier otro, tímido para hablar, de mirada fuerte pero con un algo que simplemente era encantador. Se me acercó un par de veces pero creo que no le hice caso, me gustaba, pero mi orgullo no me dejó responderle. Dos o tres noches suspiro por él, pero luego recuerdo que eso nunca será. Corren los días y se aísla, se va, huye de algo, pobre criatura, pobre de Anu.
Anochece en la ciudad de las luces, el colosal de hierro. Los cinturones de miseria que rodean los rascacielos cobran vida, miles de almas en un grito de dolor que se funde con la noche. En la cima de los gigantes de hierro yacen los reyes del mundo, pudriéndose en su gloria, pavoneándose de su oro, burlándose hacia abajo. La nueva Babel se yergue sobre sangre, la gran Sodoma, la triste Gomorra, la vieja Troya. Si tan sólo supieran lo que aguarda. La noche llama, la luna llena se asoma y renace el ángel castigador.

La luna palpita, la sangre fluye, la danza de l muerte. Ciudad maldita, en esto has caído, mis sentimientos brillan y la gente muere. Hijos del pecado, gemid, el gran pecador ha llegado, el Iscariote bíblico, el lobo asesino. Amor puro, poder sin culpa, la consigna de Caza Salvaje; los ríos de desesperación corren como potros salvajes hacía su incierto destino, el final del desfiladero.

El fuego a quemado la última brizna de pasto, el paisaje negro y lúgubre me doblega y mata. Mi presa también ha escapado, mi vida resbala bajo la acerada cuchilla que atraviesa mi pecho. He fallado, he muerto en esta tierra de la gran diosa Artemisa. La guardiana del inframundo me arrojará a los lobos por no haber cazado esa presa.

Sueños o realidades, dos lados de una misma daga, versos o poemas, ramas de un mismo árbol. Te amo hoy y te amaré mañana, seas realidad o sueño. No entiendo al amor, no es un cuadro que pueda pintar y sentir que lo entiendo, tampoco un sueño que se incrusta en la realidad. Simplemente es un reflejo en el filo de la cuchilla. Una ilusión dentro de esta horrible pesadilla.

La noche me llama con su cándido sudor, tomo mi bicicleta y me acerco al lugar maldito. Sé que no podré evitar lo que suceda. _Hoy llega más temprano que de costumbre, creo que si me acerco lo suficientemente rápido podré tomar una foto y escapar. _Mi corazón palpita demasiado rápido, los recuerdos de Jane zumban en mi cabeza con mucha frecuencia, no lo soporto y golpeo las puertas del caserón. La pesadilla comienza rápidamente y no pongo resistencia en absoluto. El día se torna rápidamente en noche mientras el lobo nace y la luna llora. _Llegué tarde, nadie nota cómo la mansión se desploma y surge la bestia, mejor huir de este lugar.

_Estoy consciente más no dejo de sentir este instinto asesino correr por mis entrañas, tengo hambre, es momento de cazar. _Nunca antes había podido entablar una batalla contra el lobo del mal, algo me dice que hay una razón para esto. _Es una mujer lo que hay en frente, mi cuerpo no obedece, mis músculos corren. _Es mi final, voy a morir. _Hoy no me vencerá, hoy no, una vida importante depende de mí y el lobo no me ganará. _Parece que se retuerce, ¡¡esos ojos son humanos!! La dama se acercó y abrazó al monstro del infierno, aquella noche no se derramó una sola gota de sangre.

Desperté en el lecho Jane recostado sobre sus blancos y suaves pechos, se encontraba parcialmente desnuda y yo tenía un espantoso dolor de cabeza. Abrió sus bellos ojos y me lanzó una sonrisa y dijo: _Eras tú todo el tiempo, espanto de hombre. No supe que pensar, dejé que mi instinto guiara mis movimientos y suavemente la amé.

No sé cuántas veces atravesé el arco de entrada de ese tenebroso lugar. Sé que a veces parecía una casa, otras un burdel, unas más un castillo y en ocasiones una mansión. Mis ropas se evaporaban en la entrada y mi conciencia se fijaba en una de las siete puertas. No sé con precisión si yo entraba en la puerta o la puerta entraba en mí pero reconozco el sabor a ira, espíritus en pena que orgásmicamente intoxicaban mi cuerpo y embotaban mis sentidos; el débil resplandor de la luna humillándome y convirtiéndome en su amante, en su huésped. Esa noche tenía una certeza, ella me amaba.

Parte III –La guerra
“Amor Puro, Poder Sin Culpa”

Harapos, todo lo que queda de mis ropas tras un largo y vertiginoso entrenamiento. Dos vidas, dos tristes finales, el sol se levanta y la batalla apenas comienza. Es momento de descansar. Ha pasado tiempo desde que morí y todavía recuerdo; De día era un hombre de la selva, de noche soñaba que vivía en la ciudad, en su noche retomaba mi senda en la jungla. Es momento de dar el siguiente paso, es tiempo de regresar. Un hombre no debe vivir sin su corazón. Ella me llama, yo regreso

No resisto la tentación de seguir caminando, esta noche es luna roja; no me importa mi pudor más, el amarillo sol se torna pálido mientras cede su lugar a la noche. En el horizonte se divisan nubes de tormenta acercándose a gran velocidad. Mi sangre hierve esperando la hora maldita de la transformación. Del lado opuesto de la ciudad una figura se dibuja con singular lentitud. La Caza Salvaje se revuelve en mis entrañas, no aguanto estas bestias.

Para él todo se tornó borroso, débilmente luchó no con el lobo del mal sino con la desesperada manada de fieras que en él habitaban. Se encontraba en el centro de la Casa Salvaje, una habitación cerrada de descomunales proporciones cuyo piso estaba forrado por una espesa capa de arena blanca. La bóveda se perdía a lo alto y la luz parecía no venir de lado alguno. Anu dirigía cautelosamente la batalla mientras Wish con su cuerpo obedecía las órdenes del primero. Uno y otro en un mismo ser se precipitan hacia el centro, con espada en mano, en busca del anfitrión de la Caza Salvaje.

La suave brisa del otoño roza mi pelo, el espasmo solar se deja sentir sobre mi piel desnuda, me abato ante el orgasmo que recorre mi ser. La punta de un edificio no es precisamente el lugar más hermoso para permitir que esto pase pero no hay más. La conciencia se me resbala de las manos como suaves pompas de jabón. El día se convierte en noche y la realidad un sueño… La piel comienza a arder mientras el pelaje que no es el suyo lo posee. Un orgasmo, la luna lo está violando, rompiendo su cabeza, sus recuerdos, su ser. Ya no es hombre, tampoco animal, tan sólo el huésped de la Casa Salvaje.

Entro a la cueva y siento la desesperación de amarla, oh hermosa Jane, tocar tus pelos, acariciar tu piel, sentir tu sedoso tacto recorriendo mi cuerpo, tus suaves pechos bajo mi mano traicionera. Sí tan sólo no me sintiera presa de este lugar, sí tan sólo no fuera éste tu reflejo, sí tan sólo fueras real. Morí hace mucho tiempo y tú no eres más que una mera ilusión. Maldigo el tiempo que nunca fue, las noches que no tuve, las horas que no estuvimos, maldigo tener sólo fragmentos de una historia inconclusa. Visito tu cueva una vez más y sonrío la ventura de encontrarnos en paz.

El temor reinaba aquella noche en la ciudad, dos terremotos habían arrasado con la mitad de ella y los relámpagos amenazaban con destruir el resto. En medio de la confusión se veían dos figuras, la primera era la de un humanoide enredado en telas varias, la segunda la de algo parecido a un lobo y a un hombre. El Señor del Caos portaba una espada como única arma, Caza Salvaje se valía de sus garras y colmillos para defenderse, la muerte tocaba su Cumbia mientras la ciudad caía con su ritmo.

Al ritmo de la luna baila la Caza Salvaje, al ritmo del viento, al ritmo de la muerte. Tan sólo quedan en pie un par de murallas en recuerdo de ese ayer. La muerte toca la melodía del amor, finos acordes de caos, sensibles armonías de corrosión. La ciudad se tiñe de rojo con la enamorada luna de loto. La vieja batalla tomó carne una vez más.

Una bestia, un demonio, dos entes en una batalla que había tomado forma desde hacía tantos años. Él sólo sentía el precipitar de las bestias hacia su enemigo, un torrente sin caudal. Las visiones de la ciudad se mezclan con las de la Mansión del Diablo, este es el cenit de la batalla; piedras caen, los edificios se desploman, los cielos lloran, la gente grita, la tierra se fractura. Una vida humana perece en las manos de Caos, dos, cientos, miles. Las puertas se esfuman y queda sólo el corazón de la Casa Salvaje.

Wish ve a la hermosa Artemisa parada ante él, las suaves curvas de su cuerpo desnudo lo atraen irremediablemente. Anu pelea contra la manada de bestias que busca poseer su cuerpo, una grotesca mezcla de pelaje, huesos y sangre se mueve por la ciudad en contra de un ente de destrucción. Todos temen, uno destruye con placer, el otro mata sin remordimiento. El cielo electrificado devela una ciudad roja, la luna contempla fría a su hermana muerte, un aullido se deja escuchar, Artemisa ha bebido de Wish.

El lobo esta hambriento de sangre, sus heridas son mortales, Anu perdió su conciencia. Artemisa sostiene en su mano derecha una daga que suavemente desliza hasta el corazón de Wish. Caos sujeta al lobo y lentamente le drena la vida. Se deja escuchar un grito proveniente de la sección este, un destello de luz evita que Wish muera apuñalado. Anu recobra sus cabales y la bestia del mal se torna en un hombre.

Entonces el Huésped se convierte en anfitrión, el lobo cae y la batalla cambia. Caos sonríe, su oponente ya no es la temible Caza Salvaje, es un pobre mortal enamorado. En los primeros momentos de la batalla recibe 5 estocadas y cae desangrado. Una risa es todo lo que puede ver, una sonrisa se dibujaba en su rostro y muere. No era su batalla ni su momento por lo que era todo lo que podía hacer. Wish cobró conciencia de su ser estando al filo de la muerte y con el corazón de Artemisa en las manos arremetió contra Caos.

Me encontraba con ella sentada en un horizonte desconocido, en nuestra historia. La había esperado por largo rato y a pesar de que mi cabeza titubeó más de una ocasión, mi corazón se mantuvo firme. La tomé de la mano, la besé y comenzamos a caminar hacia el futuro. Por primera vez en mi vida mi cuerpo se sentía ligero, mi cabeza fría y mi corazón ardiente. Había logrado superar la prueba de Casa Salvaje.

Desperté y los encontré muertos a mi rededor, caí de rodillas y dos lágrimas asomaron por mis ojos. Un súbito chorro de agua fría cayó sobre mi cabeza, los recuerdos comenzaron a caer lentamente en su lugar. La forma en que cambié, todo volvió a ser justo como debía ser. Aquella tarde estuve en medio de una guerra, y fui Caza Salvaje, y fui Caos, y fui su amor.

Amanece en la ciudad de las cruces, extensas hileras de cristianos y gentiles adorando al impasible señor oscuro. El lobo estacado ríe y su canción ha muerto. Mi nombre era Anu, mi nombre era Wish, mi nombre es Reubén, y ella mi esposa.

Parte IV- Epílogo
“No existen el vivieron felices para siempre”

Han pasado muchos años y fuimos pocos los que nos quedamos a reconstruir. De vez en cuando regreso a las ruinas de la Casa Salvaje, recorro la mansión, los laberintos que la formaban. A veces tengo sueños sobre cómo acabó ese día fatal pero no estoy muy seguro. Los lobos escaparon de mi cuerpo, regresándole la vida, a la cabeza había uno más, uno que me resulta familiar, con ojos humanos. Pero nunca podré saberlo. Tomo a Jane de la mano y regreso a casa, mi pequeña Artemisa se adelanta y siento detrás de mí un latido.

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