Sunday, June 13, 2010

FE

FE
RickSD
"Los hombres son polvo con un soplo de inspiración divina"

-¿Crees en Dios?
-Creo, más no confío.
-¿Cuál es la diferencia?¿No es lo mismo?
-No. Él es igual al mar, al viento, al sol. Me nutre, me da vida. No importa lo que piense, el está presente. Yo creo en él. ( se aclara la garganta ) Pero al igual que al mar no le digo "Quítate, no me quiero mojar", al sol no le digo "Ven de noche, tengo frío", y al viento no le grito "Barre mi calle, está sucia"; a Él no le digo, "Perdona mis pecados que he dañado a mi prójimo".
Ante esta respuesta el primer hombre se quedó atónito, cómo confundido. Recibió una palmada en la espalada y una sonrisa. A su vez siguió su camino, en aras de seguir con su predicación sobre la fe en Dios. Caminando por la calle encontró a un hombre en el piso. Sacó de sus bolsillos una moneda de oro y se la ofreció. De forma desesperada el hombre se la arrancó de sus manos, la mordió y se hechó a correr. Arrastrado por la curiosidad, el predicador siguió al hombre. Se detuvieron al llegar a una cierta alcantarilla de la ciudad. Entonces el pordiosero arrojó la moneda y se puso a bailar de forma desenfrenada. Al cabo de un momento se dio media vuelta para volver al lugar donde estaba antes a pedir cardiad. Ésta era la segunda vez en el día que había recibido una sorpresa. Tardó un momento en darse cuenta pero frente a él, se yerguia una inmensa catedral gótica. Fijó su mirada en lo alto, contempló gárgolas, santos, inscripciones, las altas torres, los arcos. Su mirada regresó a donde antes había estado el pordiosero, ahí un pensamiento cruzó su mente: "El hombre ofreció un tributo a Dios, esperando que éste le dejara caer una inmensa riqueza. El hombre no se daba cuenta que vivía, respiraba, tenía brazos y piernas fuertes". Dudas insaciables cruzaron por su cabeza mientras caía a los pies de la catedral. Lágrimas rodaban por sus mejillas, mientras se pasaba el pelo entre sus dedos en señal de nerviosismo. Un charco en el piso mostró un rostro familiar; se trataba del mismo hombre con el que había entablado conversación esa misma mañana.
Sus ánimos no mejoraron. Dentro de sí mismo su voz hacía eco que le decía: ¡Hombre de poca fe que ante la primera nube se derrumba!. Sintió una cálida palmada y una sonrisa sobre su hombro.
-¿Crees en Dios?
-Creo que sí
-¿Confías en el?
- No sé
- La lluvia no va a caer porque tu le ordenes que caiga sin embargo a los árboles no les falta agua. El sol ilumina a justos y pecadores por igual. Vida, muerte, bien y mal no son que simples palabras frente al que permance. Pero el hombre es un ser curioso y dentro de sí alberga el tipo de Fe más fuerte: la esperanza

El predicador miró hacia arriba queriendo agradecer a su interlocutor pero no había nadie ahí

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